Refranes
latines seleccionados de San Agustín
«Si autem omnes homines de plenitudine eius accipiunt,
ille est fons, illi bibentes. Qui bibunt fontem, et sitire possunt et bibere;
fons nunquam sitit, fons se ipso non eget. Fonte egent homines;
aridis visceribus, aridis faucibus currunt ad fontem ut reficiantur: fons fluit
ut reficiat; ita Dominus Iesus».
Entonces,
si todos los hombres de plenitud lo
reciben, él es la fuente, ellos los bebedores. Quienes beben la fuente, pueden
saciarse y beberla; la fuente nunca tendrá sed, la fuente en sí misma no carece
de nada. Los hombres necesitan de la fuente; con vísceras secas, y gargantas
secas corren a la fuente para refrescarse: la fuente fluye para poder
revitalizar; así es el Señor Jesús. (Tratado sobre el
evangelio de San Juan, 8, 13).
«Omnis qui sibi vult aliquid praestari, in ardore est
desiderii: ipsum desiderium sitis est animae». (Nota:
quizá un uso no deíctico de ipsum, o
sea que quizá sirve como artículo.
A
todos aquellos que quieren alcanzar algo, tienen el ardor del deseo: el deseo
es la sed del alma.
(Comentarios a los salmos, 62, 5).
«Dilectio
dulce verbum, sed dulcius factum».
Amor, dulce palabra, pero aún más dulce cuando se ha
sido dado.
(Tratado sobre la prima carta de San Juan, 8, 1).
«Necessaria sunt in hoc
mundo duo ista, salus et amicus; ista sunt, quae magni pendere, quae non
debemus contemnere».
Hay dos cosas necesarias en este mundo, la salud y
el amigo; estas son de gran importancia, que no debemos despreciar. (Sermones, 299/D1).
«Veritas et dulcis est et amara. Quando dulcis est, parcit;
et quando amara, curat».
La verdad es a veces dulce y a veces amarga.
Cuando es dulce, disimula ; y cuando amarga, cura. (Cartas 247, 1).
«Pertinet autem ad
christianam firmitatem, non solum operari quae bona sunt sed et tolerare quae
mala sunt». La firmeza cristiana no sólo
consiste en la práctica del bien, sino también en la tolerancia frente al mal.
(Sermones, 46, 13).
Quidquid enim
vis potes fugere, homo, praeter conscientiam tuam. Intra in domum tuam,
requiesce in lecto tuo, intra in interiora: interius habere nihil potes, quo
fugias a conscientia tua, si rodunt te peccata tua. (De
cualquier cosa que quieres, puedes huirte, hombre, salvo de tu consciencia. Aquella
entra a tu casa, descansa en tu cama, entra a tu interior: no puedes tener nada
más adentro de ti, a dónde huyas de tu consciencia, si te rodean tus pecados(?)).
«Suggero remedium, unde tota die laudes Deum, si vis. Quidquid
egeris, bene age, et laudasti Deum».
Te
sugiero un remedio, para que, si quieres, puedas alabar a Dios todos los días;
Todo lo que hagas, hazlo bien, y así habrás alabado a Dios.
(Comentarios a los salmos,
34, 2).
«Hoc solum rogo, hoc dico, hoc impetrare desidero: Opera manuum tuarum
ne despicias. Opus tuum in me vide, non meum; nam meum si videris, damnas; tuum
si videris, coronas».
Sólo
esto te ruego, esto digo, esto quiero impetrar: Que no desprecies las obras de
tus manos. Mira tu obra en mí, no la mía; Pues si miraras la mía, las condenarás;
si miraras la tuya, la coronas. (Comentarios a los salmos, 137, 18).
«Quis pacem veram, nisi cum illo
potest habere quem veraciter diligit?».
Quién puede
tener paz verdadera, si ni la pueda tener con quien ama verdaderamente? (Tratado
sobre el evangelio de San Juan, 87, 1).
«Sicut amici adulantes pervertunt, sic inimici litigantes
plerumque corrigunt».
Así como los
amigos nos pervierten con sus adulaciones, los enemigos muy a menudo nos
corrigen con sus improperios. (Confesiones, 9, 8, 18).
«Doce ergo me suavitatem inspirando caritatem, doce me disciplinam donando patientiam, doce me scientiam illuminando intellegentiam: Quoniam mandatis tuis credidi. Te illa credidi mandasse qui Deus es, et homini donas unde facias eum facere quod mandas». (Comentarios a los salmos, 118, 17, 14).
Enséñeme
la dulzura inspirándome la caridad, enséñeme la disciplina donándome de la paciencia,
enséñeme la sabiduría iluminándome el entendimiento: Ya que creí en tus
mandatos. creí que mandaste esos dones, que eres Dios, y donas a los hombres
aquello con lo que haces llevar a cabo lo que mandas.
«Ipsum
enim desiderium tuum, oratio tua est: et si continuum desiderium, continua
oratio». (Comentarios
a los salmos 37, 14). (Entonces,
el deseo tuyo, es tu oración: y si el deseo es continuo, (así será) continua la
oración).
Citas y anécdotas extendidas sobre
la música, la comida y los idiomas
«Sicut enim in citharis
et huiuscemodi organis musicis, non quidem omnia quae tanguntur, canorum
aliquid resonant, sed tantum chordae; caetera tamen in toto citharae corpore
ideo fabricata sunt, ut esset ubi vincirentur, unde et quo tenderentur illae,
quas ad cantilenae suavitatem modulaturus et percussurus est artifex: ita in
his propheticis narrationibus, quae de rebus gestis hominum prophetico spiritu
deliguntur, aut aliquid iam sonant significatione futurorum; aut si nihil tale
significant, ad hoc interponuntur, ut sit unde illa significantia tamquam
sonantia connectantur». Contra Faustum manichaeum libri
triginta tres, 22, 94.
En
la cítaras e instrumentos musicales parecidos no produce algún sonido melodioso
todo lo que se toca, sino únicamente las cuerdas; el resto del instrumento
existe para que haya donde sujetar los extremos de aquéllas, que el artista ha
de modular y pulsar para producir la melodía. Lo mismo acontece también en los
relatos proféticos. Lo escogido por el Espíritu profético de entre las acciones
humanas o bien producen sin más la melodía de significar algo futuro o, si no
es ese el caso, está puesto para que haya donde sostener los hechos significantes,
como si fueran las cuerdas que producen la melodía.
Réplica a Fausto, el maniqueo, Libro XXII.
«Quo loco prorsus non
arbitror praetereundum, quod pater Valerius animadvertit admirans in quorumdam
rusticanorum collocutione. Cum
alter alteri dixisset: Salus, quaesivit ab eo, qui et latine nosset et punice,
quid esset: Salus, responsus est: Tria. Tum ille agnoscens cum gaudio salutem
nostram esse Trinitatem concinentia linguarum non fortuitu sic sonuisse
arbitratus est, sed occultissima dispensatione divinae providentiae, ut cum
latine nominatur: Salus a punicis intellegantur: Tria, et cum punici lingua sua
tria nominant, latine intellegatur: salus. Chananaea enim, hoc est Punica
mulier, de finibus Tyri et Sidonis egressa, quae in Evangelio personam Gentium
gerit, salutem petebat filiae suae, cui responsum est a Domino: Non est bonum panem
filiorum mittere canibus. Quod crimen obiectum illa non negans, tamquam de
confessione peccatorum impetratura salutem filiae, hoc est novae vitae suae:
Ita, inquit, Domine, nam et canes edunt de micis, quae cadunt de mensa
dominorum suorum. Tria enim mulieris lingua salus vocantur, erat enim
chananaea. Unde interrogati rustici nostri, quid sint, punice respondentes:
chanani, corrupta scilicet sicut in talibus solet una littera, quid aliud
respondent quam: chananaei? Petens itaque salutem, Trinitatem petebat, quia et
romana lingua, quae in salutis nomine Trinitatem punice sonat, caput Gentium
inventa est in adventu Domini; et diximus chananaeam mulierem Gentium sustinere
personam. Panem autem
appellans Dominus id ipsum quod a muliere petebatur, quid aliud quam Trinitati
attestatur? Namque alio loco eamdem Trinitatem in tribus panibus intellegendam
esse apertissime docet. Sed haec verborum consonantia sive provenerit, sive
provisa sit, non pugnaciter agendum est, ut ei quisque consentiat, sed quantum
interpretantis elegantiam hilaritas audientis admittit».
Llegados a este punto,
creo que no hay que pasar por alto lo que el venerable Valerio nos cuenta,
sorprendido, del diálogo entre unos campesinos. Sucedió que al decirse el uno
al otro: «¡Salud!», uno de ellos le preguntó al que sabía a la vez latín y
púnico, cuál era el equivalente en púnico del vocablo salus [salud, en latín]. Le contestó que en púnico se dice tria [tres, en latín]. Entonces, todo
contento, sabiendo que nuestra salud es la Trinidad, le pareció que no era
casual esta coincidencia en el sonido de las dos lenguas, sino que era un
oculto designio de la divina Providencia el que al decir salus en latín, los púnicos entienden tres [la Trinidad];y
viceversa, cuando los púnicos, en su lengua, dicen tria, los latinos entienden la salvación.
Ya la mujer cananea, o sea, púnica, venida de la región de Tiro y Sidón, que
según el Evangelio representa a los paganos, suplica la salud para su hija. Y
el Señor le responde: No está bien tirar a los perros el pan de los hijos.
Ella, sin negar ese grave pecado que se le echaba en cara, y como queriendo
alcanzar, con la confesión de sus pecados, la salud para su hija, y también, la
nueva vida para ella, le replica: Así es, Señor, pero también los perros comen
las migajas que caen de la mesa de sus señores. Cuando aquella mujer cananea
decía tria quería decir «salvación, salud». Y si les preguntamos
a nuestros campesinos qué son, responden en púnico que «cananos», omitiendo una letra, como es su costumbre. Pero ¿qué
otra cosa quieren decir, sino que son «cananeos»?
Al pedir, pues, aquella mujer la salud y la salvación, lo que pedía realmente
era la Trinidad: la lengua de Roma -cuya palabra «salud» a los púnicos les
suena «Trinidad»- en tiempos de la venida del Señor era la cabeza de la
gentilidad. Ya dijimos que la mujer cananea representaba en su persona la
gentilidad. Y cuando el Señor llama pan a lo mismo que pedía la mujer, ¿a qué
otra cosa se está refiriendo, más que a la Trinidad? En efecto, en otro pasaje
nos enseña claramente cómo debe entenderse la Trinidad en los tres panes. Pero
esta consonancia de las palabras, bien sea por casualidad, o como resultado de
la investigación, no debe pretenderse a toda costa que sea universalmente
aceptada. No: hay un límite marcado por estas dos coordenadas: que el exégeta
no se pase de raya, y que lo acepte el buen ánimo del que lo escucha. Mt 15,
26-27. (Exposición incoada de la carta a los romanos, 13).
«Verum et hoc
concedamus, toto vertente anno posse in agris reperiri vel ex arbore vel ex
herbis, vel ex quibusque radicibus quod in escam sumi possit incoctum, aut
certe tanta excitatio corporis adhibeatur, ut ea quae coquenda sunt, etiam
cruda assumpta non noceant, possitque etiam hiemalibus quibuslibet
asperitatibus ad pabula procedi; atque ita fiat ut nihil praeparandum
auferatur, nihil in crastinum reponatur: non poterunt ista servare qui se per
multos dies a conspectu hominum separatos, et nulli ad se praebentes accessum,
includunt se ipsos viventes in magna intentione orationum. Hi enim facillima
quidem atque vilissima, secum tamen alimenta includere consuerunt, quae in
illos dies quibus a nullo videri statuerunt, sufficiant: quod aves non faciunt.
Et horum quidem exercitationem in tam mirabili continentia, quandoquidem habent
otium quo haec agant, seque imitandos non superba elatione, sed misericordi
sanctitate proponant, non solum non reprehendo, sed quantum dignum est laudare
non possum. Quid tamen de
his dicimus, secundum istorum intellectum ex evangelicis verbis? An forte quo
sunt sanctiores, eo sunt volucribus dissimiliores, quia nisi reponant sibi
escas in plurimos dies, includere se ita, ut faciunt, non valebunt? Et
utique nobiscum audiunt: Nolite ergo cogitare in crastinum».
Admitamos
incluso todo esto: que durante todo el año pudiese hallarse en el campo alguna
fruta, hortaliza o raíz que poder comer crudas, o que tengan tal capacidad de
estómago, que puedan ingerir crudas, sin hacerles mal, las cosas que solemos
comer cocidas; y que puedan salir a los huertos durante la temporada más cruda
del invierno para buscar alimento. En tal caso, no necesitan llevarse nada a
casa para prepararlo, ni dejar nada para el día siguiente. Pero todo esto no es
de aplicación para los que se apartan durante mucho tiempo de la convivencia
con los hombres, y no se dejan ver por nadie, enterrándose en vida, puesto todo
su afán en dedicarse intensamente a la oración. Éstos, es cierto, suelen
contentarse con alimentos corrientes y de poco valor, pero siempre deben llevar
consigo los suficientes para poder vivir durante todo el tiempo que van a estar
en completa soledad. Esto tampoco lo hacen las aves. No critico esa vida de
admirable continencia, siempre que haya tiempo libre para poder vivirla y se
proponga a la imitación ajena no por orgulloso engreimiento, sino por
caritativa santidad. Por el contrario, reconozco que mi alabanza no llega a
expresar todo cuanto se merecen. Pero, ¿qué diríamos de estos tales, si nos
atenemos a la interpretación que los monjes ociosos hacen de las palabras
evangélicas?, ¿acaso que tales eremitas, cuanto más santos son, menos imitan a
las aves? Porque, si no se reservan comida para muchos días, no podrán retirarse
a vivir en soledad mucho tiempo, como de hecho hacen. Porque a ellos, como a
nosotros, se les dijo: no penséis en el mañana.
(El trabajo de los monjes, 29).
Vocabulario
de cognados utilizables en el español moderno
adular, adulante.
alabar, halagar. (adulans).
damnable. condenable.
(“damnare” en el texto latín, ya «dañar» en español, pero el sustantivo damnable todavía está vigente y conserva
la fonética original latina).
impetrar. implorar, rogar, suplicar.
(impetrare). Un verbo bonísimo, ¿verdad?
litigante, quien
litiga, oponente. (litigans).
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