sábado, 10 de diciembre de 2016

Refranes latines de San Agustín

Refranes latines seleccionados de San Agustín

«Si autem omnes homines de plenitudine eius accipiunt, ille est fons, illi bibentes. Qui bibunt fontem, et sitire possunt et bibere; fons nunquam sitit, fons se ipso non eget. Fonte egent homines; aridis visceribus, aridis faucibus currunt ad fontem ut reficiantur: fons fluit ut reficiat; ita Dominus Iesus».
Entonces, si todos los hombres de plenitud  lo reciben, él es la fuente, ellos los bebedores. Quienes beben la fuente, pueden saciarse y beberla; la fuente nunca tendrá sed, la fuente en sí misma no carece de nada. Los hombres necesitan de la fuente; con vísceras secas, y gargantas secas corren a la fuente para refrescarse: la fuente fluye para poder revitalizar; así es el Señor Jesús. (Tratado sobre el evangelio de San Juan, 8, 13).



«Omnis qui sibi vult aliquid praestari, in ardore est desiderii: ipsum desiderium sitis est animae». (Nota: quizá un uso no deíctico de ipsum, o sea que quizá sirve como artículo.
A todos aquellos que quieren alcanzar algo, tienen el ardor del deseo: el deseo es la sed del alma.  (Comentarios a los salmos, 62, 5).

«Dilectio dulce verbum, sed dulcius factum».
Amor, dulce palabra, pero aún más dulce cuando se ha sido dado.
(Tratado sobre la prima carta de San Juan, 8, 1).


«Necessaria sunt in hoc mundo duo ista, salus et amicus; ista sunt, quae magni pendere, quae non debemus contemnere».
Hay dos cosas necesarias en este mundo, la salud y el amigo; estas son de gran importancia, que no debemos despreciar. (Sermones, 299/D1).

«Veritas et dulcis est et amara. Quando dulcis est, parcit; et quando amara, curat».
La verdad es a veces dulce y a veces amarga. Cuando es dulce, disimula ; y cuando amarga, cura. (Cartas 247, 1).

«Pertinet autem ad christianam firmitatem, non solum operari quae bona sunt sed et tolerare quae mala sunt». La firmeza cristiana no sólo consiste en la práctica del bien, sino también en la tolerancia frente al mal.  (Sermones, 46, 13).

Quidquid enim vis potes fugere, homo, praeter conscientiam tuam. Intra in domum tuam, requiesce in lecto tuo, intra in interiora: interius habere nihil potes, quo fugias a conscientia tua, si rodunt te peccata tua. (De cualquier cosa que quieres, puedes huirte, hombre, salvo de tu consciencia. Aquella entra a tu casa, descansa en tu cama, entra a tu interior: no puedes tener nada más adentro de ti, a dónde huyas de tu consciencia, si te rodean tus pecados(?)).


«Suggero remedium, unde tota die laudes Deum, si vis. Quidquid egeris, bene age, et laudasti Deum».
Te sugiero un remedio, para que, si quieres, puedas alabar a Dios todos los días; Todo lo que hagas, hazlo bien, y así habrás alabado a Dios. (Comentarios a los salmos, 34, 2).

«Hoc solum rogo, hoc dico, hoc impetrare desidero: Opera manuum tuarum ne despicias. Opus tuum in me vide, non meum; nam meum si videris, damnas; tuum si videris, coronas».
Sólo esto te ruego, esto digo, esto quiero impetrar: Que no desprecies las obras de tus manos. Mira tu obra en mí, no la mía; Pues si miraras la mía, las condenarás; si miraras la tuya, la coronas. (Comentarios a los salmos, 137, 18).


«Quis pacem veram, nisi cum illo potest habere quem veraciter diligit?».
Quién puede tener paz verdadera, si ni la pueda tener con quien ama verdaderamente? (Tratado sobre el evangelio de San Juan, 87, 1).


«Sicut amici adulantes pervertunt, sic inimici litigantes plerumque corrigunt».

Así como los amigos nos pervierten con sus adulaciones, los enemigos muy a menudo nos corrigen con sus improperios. (Confesiones, 9, 8, 18). 


              
«Doce ergo me suavitatem inspirando caritatem, doce me disciplinam donando patientiam, doce me scientiam illuminando intellegentiam: Quoniam mandatis tuis credidi. Te illa credidi mandasse qui Deus es, et homini donas unde facias eum facere quod mandas». (Comentarios a los salmos, 118, 17, 14). 
Enséñeme la dulzura inspirándome la caridad, enséñeme la disciplina donándome de la paciencia, enséñeme la sabiduría iluminándome el entendimiento: Ya que creí en tus mandatos. creí que mandaste esos dones, que eres Dios, y donas a los hombres aquello con lo que haces llevar a cabo lo que mandas.
«Ipsum enim desiderium tuum, oratio tua est: et si continuum desiderium, continua oratio». (Comentarios a los salmos 37, 14). (Entonces, el deseo tuyo, es tu oración: y si el deseo es continuo, (así será) continua la oración).

Citas y anécdotas extendidas sobre la música, la comida y los idiomas
«Sicut enim in citharis et huiuscemodi organis musicis, non quidem omnia quae tanguntur, canorum aliquid resonant, sed tantum chordae; caetera tamen in toto citharae corpore ideo fabricata sunt, ut esset ubi vincirentur, unde et quo tenderentur illae, quas ad cantilenae suavitatem modulaturus et percussurus est artifex: ita in his propheticis narrationibus, quae de rebus gestis hominum prophetico spiritu deliguntur, aut aliquid iam sonant significatione futurorum; aut si nihil tale significant, ad hoc interponuntur, ut sit unde illa significantia tamquam sonantia connectantur». Contra Faustum manichaeum libri triginta tres, 22, 94.
En la cítaras e instrumentos musicales parecidos no produce algún sonido melodioso todo lo que se toca, sino únicamente las cuerdas; el resto del instrumento existe para que haya donde sujetar los extremos de aquéllas, que el artista ha de modular y pulsar para producir la melodía. Lo mismo acontece también en los relatos proféticos. Lo escogido por el Espíritu profético de entre las acciones humanas o bien producen sin más la melodía de significar algo futuro o, si no es ese el caso, está puesto para que haya donde sostener los hechos significantes, como si fueran las cuerdas que producen la melodía. Réplica a Fausto, el maniqueo, Libro XXII.

«Quo loco prorsus non arbitror praetereundum, quod pater Valerius animadvertit admirans in quorumdam rusticanorum collocutione. Cum alter alteri dixisset: Salus, quaesivit ab eo, qui et latine nosset et punice, quid esset: Salus, responsus est: Tria. Tum ille agnoscens cum gaudio salutem nostram esse Trinitatem concinentia linguarum non fortuitu sic sonuisse arbitratus est, sed occultissima dispensatione divinae providentiae, ut cum latine nominatur: Salus a punicis intellegantur: Tria, et cum punici lingua sua tria nominant, latine intellegatur: salus. Chananaea enim, hoc est Punica mulier, de finibus Tyri et Sidonis egressa, quae in Evangelio personam Gentium gerit, salutem petebat filiae suae, cui responsum est a Domino: Non est bonum panem filiorum mittere canibus. Quod crimen obiectum illa non negans, tamquam de confessione peccatorum impetratura salutem filiae, hoc est novae vitae suae: Ita, inquit, Domine, nam et canes edunt de micis, quae cadunt de mensa dominorum suorum. Tria enim mulieris lingua salus vocantur, erat enim chananaea. Unde interrogati rustici nostri, quid sint, punice respondentes: chanani, corrupta scilicet sicut in talibus solet una littera, quid aliud respondent quam: chananaei? Petens itaque salutem, Trinitatem petebat, quia et romana lingua, quae in salutis nomine Trinitatem punice sonat, caput Gentium inventa est in adventu Domini; et diximus chananaeam mulierem Gentium sustinere personam. Panem autem appellans Dominus id ipsum quod a muliere petebatur, quid aliud quam Trinitati attestatur? Namque alio loco eamdem Trinitatem in tribus panibus intellegendam esse apertissime docet. Sed haec verborum consonantia sive provenerit, sive provisa sit, non pugnaciter agendum est, ut ei quisque consentiat, sed quantum interpretantis elegantiam hilaritas audientis admittit».

Llegados a este punto, creo que no hay que pasar por alto lo que el venerable Valerio nos cuenta, sorprendido, del diálogo entre unos campesinos. Sucedió que al decirse el uno al otro: «¡Salud!», uno de ellos le preguntó al que sabía a la vez latín y púnico, cuál era el equivalente en púnico del vocablo salus [salud, en latín]. Le contestó que en púnico se dice tria [tres, en latín]. Entonces, todo contento, sabiendo que nuestra salud es la Trinidad, le pareció que no era casual esta coincidencia en el sonido de las dos lenguas, sino que era un oculto designio de la divina Providencia el que al decir salus en latín, los púnicos entienden tres [la Trinidad];y viceversa, cuando los púnicos, en su lengua, dicen tria, los latinos entienden la salvación. Ya la mujer cananea, o sea, púnica, venida de la región de Tiro y Sidón, que según el Evangelio representa a los paganos, suplica la salud para su hija. Y el Señor le responde: No está bien tirar a los perros el pan de los hijos. Ella, sin negar ese grave pecado que se le echaba en cara, y como queriendo alcanzar, con la confesión de sus pecados, la salud para su hija, y también, la nueva vida para ella, le replica: Así es, Señor, pero también los perros comen las migajas que caen de la mesa de sus señores. Cuando aquella mujer cananea decía tria quería decir «salvación, salud». Y si les preguntamos a nuestros campesinos qué son, responden en púnico que «cananos», omitiendo una letra, como es su costumbre. Pero ¿qué otra cosa quieren decir, sino que son «cananeos»? Al pedir, pues, aquella mujer la salud y la salvación, lo que pedía realmente era la Trinidad: la lengua de Roma -cuya palabra «salud» a los púnicos les suena «Trinidad»- en tiempos de la venida del Señor era la cabeza de la gentilidad. Ya dijimos que la mujer cananea representaba en su persona la gentilidad. Y cuando el Señor llama pan a lo mismo que pedía la mujer, ¿a qué otra cosa se está refiriendo, más que a la Trinidad? En efecto, en otro pasaje nos enseña claramente cómo debe entenderse la Trinidad en los tres panes. Pero esta consonancia de las palabras, bien sea por casualidad, o como resultado de la investigación, no debe pretenderse a toda costa que sea universalmente aceptada. No: hay un límite marcado por estas dos coordenadas: que el exégeta no se pase de raya, y que lo acepte el buen ánimo del que lo escucha. Mt 15, 26-27. (Exposición incoada de la carta a los romanos, 13).


«Verum et hoc concedamus, toto vertente anno posse in agris reperiri vel ex arbore vel ex herbis, vel ex quibusque radicibus quod in escam sumi possit incoctum, aut certe tanta excitatio corporis adhibeatur, ut ea quae coquenda sunt, etiam cruda assumpta non noceant, possitque etiam hiemalibus quibuslibet asperitatibus ad pabula procedi; atque ita fiat ut nihil praeparandum auferatur, nihil in crastinum reponatur: non poterunt ista servare qui se per multos dies a conspectu hominum separatos, et nulli ad se praebentes accessum, includunt se ipsos viventes in magna intentione orationum. Hi enim facillima quidem atque vilissima, secum tamen alimenta includere consuerunt, quae in illos dies quibus a nullo videri statuerunt, sufficiant: quod aves non faciunt. Et horum quidem exercitationem in tam mirabili continentia, quandoquidem habent otium quo haec agant, seque imitandos non superba elatione, sed misericordi sanctitate proponant, non solum non reprehendo, sed quantum dignum est laudare non possum. Quid tamen de his dicimus, secundum istorum intellectum ex evangelicis verbis? An forte quo sunt sanctiores, eo sunt volucribus dissimiliores, quia nisi reponant sibi escas in plurimos dies, includere se ita, ut faciunt, non valebunt? Et utique nobiscum audiunt: Nolite ergo cogitare in crastinum».

Admitamos incluso todo esto: que durante todo el año pudiese hallarse en el campo alguna fruta, hortaliza o raíz que poder comer crudas, o que tengan tal capacidad de estómago, que puedan ingerir crudas, sin hacerles mal, las cosas que solemos comer cocidas; y que puedan salir a los huertos durante la temporada más cruda del invierno para buscar alimento. En tal caso, no necesitan llevarse nada a casa para prepararlo, ni dejar nada para el día siguiente. Pero todo esto no es de aplicación para los que se apartan durante mucho tiempo de la convivencia con los hombres, y no se dejan ver por nadie, enterrándose en vida, puesto todo su afán en dedicarse intensamente a la oración. Éstos, es cierto, suelen contentarse con alimentos corrientes y de poco valor, pero siempre deben llevar consigo los suficientes para poder vivir durante todo el tiempo que van a estar en completa soledad. Esto tampoco lo hacen las aves. No critico esa vida de admirable continencia, siempre que haya tiempo libre para poder vivirla y se proponga a la imitación ajena no por orgulloso engreimiento, sino por caritativa santidad. Por el contrario, reconozco que mi alabanza no llega a expresar todo cuanto se merecen. Pero, ¿qué diríamos de estos tales, si nos atenemos a la interpretación que los monjes ociosos hacen de las palabras evangélicas?, ¿acaso que tales eremitas, cuanto más santos son, menos imitan a las aves? Porque, si no se reservan comida para muchos días, no podrán retirarse a vivir en soledad mucho tiempo, como de hecho hacen. Porque a ellos, como a nosotros, se les dijo: no penséis en el mañana. (El trabajo de los monjes, 29).


Vocabulario de cognados utilizables en el español moderno
adular, adulante. alabar, halagar. (adulans).
damnable. condenable. (“damnare” en el texto latín, ya «dañar» en español, pero el sustantivo damnable todavía está vigente y conserva la fonética original latina).
impetrar. implorar, rogar, suplicar. (impetrare). Un verbo bonísimo, ¿verdad?

litigante, quien litiga, oponente. (litigans). 

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